Columna: Fronteras sangrientas

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En el primer viaje que realizamos para llevar a cabo “La Mesa Latina” encuentros de integración en Perú, Colombia y Chile, que busca promover e incentivar la convivencia entre nacionales y migrantes, pudimos percatarnos de una realidad que no se ha mostrado tanto a nivel mediático. Es la situación que se vive en la ciudad de Arauca en Colombia, frontera con Venezuela donde a diario cruzan familias enteras en búsqueda de oportunidades. Pero lo que parece una solución resulta ser un problema mayor. De eso escribe Javier Vergara Petrescu, Director Ejecutivo de Ciudad Emergente quien hace una semana estuvo ahí y relata lo que vivió en persona.

Fronteras sangrientas

El cantante Manu Chao a fines de los 90 escribió la canción Bloody Border (Frontera o Borde Sangriento) para retratar el drama de los migrantes desde México hacia Arizona. Un tema crudo pero pegajoso, que habla del drama y el deseo de libertad de los pueblos del sur en busca de mejores oportunidades de vida en el norte. 20 años después, esta canción sigue más vigente que nunca, pero esta vez en dirección opuesta. En 2015 la tendencia de migración global dejó de ser del sur al norte y hoy es en dirección sur-sur. Países que nunca tuvieron un historial caracterizado por recibir grandes cantidades de migrantes como Colombia, Perú o Chile, hoy reciben cientos de miles de personas buscando refugio a raíz de la crisis humanitaria que vive Venezuela. En total, son más de 4 millones de Venezolanos los que han tenido que salir del país tanto por razones políticas como por necesidad de sobrevivencia, y se estima que para 2020 la cifra de migrantes y refugiados podría llegar a 8 millones.

Siguiendo el dicho “ver para creer”, nos embarcamos en una misión con Fundación Ciudad Emergente para ver la realidad de los migrantes que cruzan fronteras entre Chile y Perú como Chacalluta, o entre Colombia y Venezuela como las ciudades de Cúcuta y Arauca. Viajamos a esta última, donde la realidad supera la ficción, donde el estado de derecho brilla por su ausencia y quienes controlan el borde son grupos armados paramilitares como el Ejército Nacional de Liberación o las disidencias de las FARC. Familias, jóvenes, y niños caminantes, que al salir de Venezuela y por falta de información o alimentos son reclutados por grupos armados. Personas que escapan de un problema para entrar a una pesadilla. Agencias de Cooperación internacional y Gobiernos locales que ven desbordadas sus capacidades frente a un problema donde hay poca o nula experiencia para resolver un problema que nos parecía propio de Siria y del lejano oriente, pero que ahora nos toca mirarlo de frente.

¿Cómo pueden nuestras autoridades actuar de forma coordinada frente a la migración Venezolana?.¿Cómo sensibilizar a la ciudadanía para evitar brotes de xenofobia en nuestro país? Preguntas de no fácil respuesta, pero donde la necesidad obliga. Es en este momento entonces, donde se hace más relevante que nunca, no sólo demandar a nuestras autoridades una posición coordinada internacionalmente para evitar fronteras inhumanas, sino también sensibilizarnos como sociedad civil frente a un problema de éxodo masivo del cual no hemos sido ajenos en nuestra reciente historia Chilena - recordemos los más de doscientos mil Chilenos que buscaron refugio entre 1973 y 1990 en México, Cuba, Venezuela y múltiples países Europeos. La oportunidad más cercana que tiene Chile para poner a prueba nuestra capacidad de liderazgo es en Lima el 6 de agosto, en la cumbre convocada por el Canciller Peruano Néstor Popolizio, donde se reunirán los cancilleres de más de 100 países a discutir el tema de Venezuela. En Perú y Colombia se comienzan a impulsar campañas especialmente dedicadas para mejorar la convivencia entre migrantes y países de acogida. Respuestas excepcionales para problemas excepcionales. En vez de promover acciones cerradas que nos lleven a fronteras como las que recita Manu Chao, debemos salir de nuestra zona de confort como Chilenos y tener la visión, la empatía y la solidaridad que se necesita en este momento la región. Nunca sabemos cuándo lo podremos a volver a necesitar nosotros.

Javier Vergara Petrescu
Director Ejecutivo Ciudad Emergente


Fernanda AnabalónComentario